sábado, 24 de enero de 2009

Old Dhaka







Hoy estuve paseando por Old Dhaka con 2 amigas: Daniela de Alemania y Claire de Suiza. Es la parte más antigua de la ciudad. Creo que fue una de las experiencias más intensas e interesantes que viví hasta ahora.
La calles son angostas, llenas de locales a la calle y gente transitando sin parar. Los Rickshaws dominan la escena así que tuvimos que caminar con mucho cuidado.
Eramos el centro de atracción en cada esquina o pasaje, la gente nos miraba, los chicos nos seguían, algunos hasta nos sacaban fotos con su celular. Había otros que se acercaban y nos preguntaban de que país veníamos. La mayoría se alegraba al escuchar Argentina, y nombraban a Maradona y a Messi. Era muy extraño y divertido a la vez: nosotras con nuestras cámaras de fotos fascinadas por el paisaje tan exótico desde nuestra mentalidad occidental y los bengalíes sacándonos fotos porque a sus ojos, nosotras eramos exóticas. Al ser un país tan pobre, Bangladesh no recibe mucho turismo. La mayor parte de los extranjeros, son personas que vienen a hacer algún tipo de estudio o voluntariado.
Conocí una mezquita muy bonita. Es raro que las mujeres puedan entrar a una mezquita, a veces tienen un sector separado para ellas. Este no era el caso. No tuvimos problema al entrar, aún siendo la hora del rezo, solo tuvimos que quitarnos los zapatos. Tuvimos mucha suerte! Pude ver como algunos hombres rezaban y como un grupo de chicos estudiaba el Corán con su maestro (la barba roja que ven en la foto es un signo de estatus).
Seguimos nuestro camino, sin un rumbo específico. Las calles se entrecruzan y no tienen carteles que indiquen el nombre o la numeración. Estábamos buscando el camino hacia el río cuando conocimos a una mujer que nos ofreció acompañarnos. Nos hablaba en bengalí y nosotras hacíamos un esfuerzo con nuestro poco conocimiento del idioma.
La seguimos junto a otro grupo de mujeres que nos acompañaba. Pronto entendimos que no íbamos hacia el río sino para su casa. Nos adentramos en las angostas calles del barrio hasta llegar a una pequeña puerta. Nos hicieron pasar a su humilde hogar. Estábamos muy felices, ellas y nosotras, por esta invitación.
El local al que entramos tenía varias habitaciones, un patio compartido y una especie de cocina afuera. La chica que nos invitó tiene 22 años y 2 hijos pequeños. También estaba su hermana, su tía y su madre. Nos quitamos los zapatos antes de entrar. Cada familia tiene un cuarto dentro de este local, a veces dos, y esa es su casa. Tienen una gran cama o dos, en donde duerme toda la familia.
Al entrar en la primera casa, vimos al padre de nuestra anfitriona en la cama dormitando. Igualmente nos pidieron que nos sentaramos en la cama. Había mucha gente en la puerta, todos nos miraban y se reían. Nos ofrecieron Coca, de hecho, la fueron a comprar para darnos algo de beber. Nos hablaban en todo momento, y hacían su mejor esfurzo para hacerse entender. Aprendimos un poco más de Bangla hoy, ellas fueron nuestras maestras.
Después nos invitaron a pasar a otra casa. Esta tenía un cuartito al fondo con una cama. Allí nos sentamos y nos dieron galletitas. Seguimos charlando un poco más, conocimos a sus hijos y algunos vecinos que se acercaron a charlar. La gente fue tan amable con nosotras...nos sentimos muy agradecidas por esta experiencia.
Todo sucedió sin planearlo y fue increible. Nos dejamos llevar por estas mujeres sin preocuparnos por nuestro destino. Creo que el hecho de ser solo mujeres nos permitió vivir esta experiencia. De haber estado con un hombre, las mujeres no nos habrían invitado a sus casas porque no pueden recibir a un hombre sin que esté su marido presente. También quisieron invitarnos a almorzar pero decidimos seguir viaje, sentimos que ya habíamos incomodado bastante.
Se ofrecieron como guías y nos ofrecieron su compañía por un rato más. Tras un buen rato de caminata y de charla en bengalí (no podíamos entender mucho lo que nos querían decir) llegamos a una estación y allí nos despedimos. Tanto ellas como nosotras nos sentimos tristes por esta despedida, se podía ver en sus ojos un dejo de tristeza. También en los nuestros. Es increible lo cálidas y dulces que fueron estas mujeres, conocer su casa y su familia fue hermoso.
Nuestra última parada fue el río. Allí también conocimos a varios bengalíes que se acercaron a hablar. El paisaje era hermoso: un cielo gris (Dhaka es una de las ciudades más contaminadas del mundo), el sol de color rojo, un puente, pequeñas embarcaciones y hombres bañándose en el río o lavando su ropa. Un paisaje extraño y precioso.

3 comentarios:

  1. Que buena oportunidad para conectarte con la gente de Dhakka! Ahroa vas a arrancar con las Aldeas, me parece te espera mucho más de esto!!! Mucha suerte en esta nueva etapa del viaje y éxitos muchos! Donobad por las fotos!!
    PD) en la primera tardé en encontrarte!!!

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  2. Dan: qué interesantes son las cosas que nos contás por medio del Blog. Y en particular, esta experiencia con las mujeres bangalíes, es increíble. Estoy -gratamente- asombrada por la hospitalidad de esas mujeres que ni las conocían, por la invitación que le hicieron a sus casas, por el cariño y la buena onda. Me interesa mucho entender cómo es considerada la mujer en Bangladesh, como se visten, qué cosas hacen.

    Te mando un beso enorme desde la muy calurosa Capital.

    Te quiero mucho!
    RO

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  3. Querida Hija:

    "Todo sucedió sin planearlo y fue increible. Nos dejamos llevar por estas mujeres sin preocuparnos por nuestro destino"

    Seguís construyendo tu destino de una manera maravillosa. Bravo por vos.

    Te quiero mucho.

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